miércoles, junio 17, 2009

Moldeado a mano

Tras desplomarse en su asiento, Nahuel se despidió por la ventanilla de sus problemas del trabajo. Al cansancio acumulado de toda la semana se le había sumado la tristeza que traen consigo los días de invierno, no sólo por el frío que aplaca los espíritus, sino porque los días se tornan más cortos y al finalizar nuestra jornada laboral alcanzamos a ver como se refugian los últimos rayos del sol, aquellos que, con algo de suerte, pudimos ver asomarse por sobre los edificios antes de atiborrarnos en nuestros cubículos de trabajo.
El bamboleo del colectivo fue cerrando los ojos de Nahuel que, minuto a minuto, cuadra a cuadra, fue sintiendo como se acercaba el fin de semana. De entre los olores que fluctuaban en el aire enrarecido, producto del encierro y del ir y venir de las personas, un intenso aroma a plastilina lo sacó de su somnolencia y lo transportó a sus tardes de niño en las que moldeaba el mundo según los dictámenes de su imaginación. Inmerso aún en su nostalgia Nahuel abrió sus ojos tratando de dilucidar en qué parte del trayecto se encontraba y para su sorpresa las pocas personas que viajaban junto a él y todo lo que lo rodeaba estaba hecho de plastilina. Tentado por la irresistible invitación que le ofrecía el destino, se levantó de un salto y comenzó a jugar con su entorno, cambiando las posiciones de las personas, modificando todo lo que no le gustaba, acomodando el mundo a su antojo. Al llegar a su parada Nahuel abandonó el colectivo dejando atrás el cansancio y el estrés que tanto lo aquejaban e ignorando por completo la masacre que su delirio había producido.

Panza llena, corazón contento

Te podrías reír, le pidió una noche a su marido, que se le quedó mirando sin poder disimular su asombro ante la inusual solicitud. Si bien la gente está acostumbrada a que las mujeres embarazadas tengan antojos, los de Mariana eran tan peculiares que dejaban perplejos a todos.
Todo comenzó durante su primer mes de embarazo, momento en el que empezó a sentir el inusitado deseo de recibir una sonrisa. Afortunadamente la noticia de su gravidez provocaba un regocijo tal como para saciar su apetito de alegría. En el transcurso de los meses que siguieron, y a medida que aumentaba su vientre y su hambre de risas, crecía también dentro suyo un sentimiento de euforia, provocándole incesantes ataques de risa que la hacían estallar en carcajadas en los momentos más inesperados.
A pesar de las particularidades del embarazo, fue en el parto donde sucedió el hecho que más asombró a todos. En vez del tan esperado llanto que ayuda a los recién nacidos a llenar sus pulmones de aire, el bebé soltó una estrepitosa risa que llenó el silencio de la sala, dibujando una sonrisa en el rostro de los enmudecidos doctores. Mariana, con sus ojos inundados de lágrimas, recibió a Paula entre sus brazos, entendiendo por fin cuál era la fuente de su rebosante alegría.

Pirinchos

Faltaban tres horas para que comience la película en el cine cuando Annie se lanzó a la faraónica tarea de desenredar su cabello. Creo que lo mejor va a ser que comiences por las puntas y avances hacia el centro, se abalanzó a decirle Paula. Desoyendo los consejos de su hermana, vació el contenido de dos botellas de Head&Shoulders Liso Extremo sobre su cabeza, introdujo el peine metálico y comenzó a tirar hacia abajo. El peine, que se abría paso como Moisés dividiendo las aguas del mar rojo, se vio pronto aprisionado entre los enmarañados cabellos. Pese a los fuertes forcejeos de Annie sus cabellos no daban el brazo a torcer, por lo que tuvieron que acudir en su ayuda su hermana y su madre. Aferrándose al mango con ambas manos las tres tiraron con todas sus fuerzas. Tras varios minutos los cabellos de Annie finalmente cedieron arrojando a sus contrincantes al suelo. Pero, ese no es el zapatito que usaste en la muestra de salsa cuando tenías nueve años, se sobresaltó la mamá. Enganchado entre los dientes del peine colgaba un pequeño zapatito rojo.
Transcurridas dos horas y media de batalla campal lograron liberar de entre sus cabellos un disfraz de Cruela Devil que Annie utilizó en Halloween, una campera del once de una de sus mejores amigas del colegio Santa María, unas pantuflas de Winnie The Pooh de su infancia, un cachorro Labrador de nueve meses, un Mariachi que se había extraviado tras la serenata que le dedicó su novio Alejandro y a Alejandro que les contó a las anonadadas y exhaustas vencedoras que lo último que recordaba era estar recostado en un sillón junto a ella cuando de pronto se perdió en el dulce aroma de sus cabellos.

Almohadas Fluorescentes

En una casa de los suburbios Aldemio arropó a su hijo Dalmiro y le dio un cálido beso en la mejilla. Pa, puedo dodmid con la luz enzendida, le dijo Dalmirito a su padre que ya estaba dirigiéndose a su propia habitación. Dalmiro al ser tan chiquito aún hablaba con errores de ortografía. No ijo, no te preocupes que los monstruos no existen, A menos que te ayas portado mal, Aí sí, los monstruos aparecen debajo de tu cama esperando que te duermas para llevarte al mundo de los monstruos y comerte los ojos. Aldemio varios años atrás había decidido hablar sin haches, Total en la mayoría de los casos no se pronuncian, pensaba. Claro que esta decisión conllevaba algunos inconvenientes, como el impedimento de decir la palabra Chucho frente a su pequeño hijo. No, ijo, no te preocupes, era solo una broma, confesó Aldemio entre risas mientras apagaba la luz y cerraba la puerta dejando a su hijo temblando bajo las sábanas. Lo que no sabía Aldemio era que Jacinta, su mujer, había comprado unos almohadones con ojos fluorescentes que brillan en la oscuridad y los había escondido bajo la cama para dárselos como regalo a Dalmirito la mañana siguiente, ni que cinco minutos más tarde Dalmiro, juntando coraje, iba a espiar debajo de su cama, acto que le iba a provocar un grito ahogado y un trauma que le iba a impedir mirar a la gente a los ojos por el resto de su vida.

martes, enero 09, 2007

Gracias Chespirito

- Digame Licenciado
- Licenciado
- ¡¡Gracias. Muchas gracias!!
- No hay de queso, nomás de papa

Tanto licenciado y sólo hace muy poquito que me di cuenta de lo que significaba la última línea de diálogo. Gracias Roberto Gómez Bolaños por hacerme sentir el más nabo de los licenciados.

Carta a mi padre

Realizando un ejercicio en el que había que reinventar una publicidad utilizando el mismo recurso en el que se basaba la misma me salió el siguiente anuncio que tiene un gran valor sentimental hacia mi padre. Disfruté mucho al escribirlo, espero que disfruten mucho al leerlo.

Para Papá
Porque me hiciste creer en la magia, santa y los reyes.
Porque dejabas que mis penales mal pateados sean golazos de caño.
Porque me sentabas en tu regazo y me dejabas manejar el volante mientras lo agarrabas a escondidas por debajo.
Porque me decías que si hacía caras en frente del ventilador quedaba así para siempre.
Porque me llevaste por primera vez a la cancha.
Porque me enseñaste a tomar el colectivo cuando tenía seis años.
Porque me enseñaste a hacerme valer por mi mismo.
Porque te quedabas despierto hasta que volviera de bailar y te hacías el dormido.
Porque nos construiste la casita del árbol en tu tiempo libre.
Porque nos lavabas la ropa y nos cocinabas diariamente.
Porque me decías que tocaba bien el piano cuando en realidad los aturdía a todos en mis primeras prácticas.
Porque me ibas a ver jugar al fútbol todos los domingos y gritabas los goles como si fueran de Newells.
Porque te bancas mi orgullo cuando no te quiero dar la razón y se que la tenés.
Porque me prestas el auto para salir con mi novia.
Porque me dejaste elegir mi carrera y te esforzás diariamente para pagármela.
Porque siempre te mostrás interesado en lo que hago.
Porque siempre me saludas con un abrazo y me preguntas cómo estoy.
Porque todas las mañanas te pones el despertador a la misma hora que yo por si me quedo dormido.
Porque me guiaste en la vida en vez de señalarme el camino.
Porque es el día del Padre.
Porque si vos no te mereces un Chivas Regal. ¿Quién se lo merece?

En un cruce de miradas

Cruzamos nuestras miradas y me vi atraído por el brillo de tus ojos. Era tu alma que se escondía acurrucada en el fondo. Tímida, vacilante. Ensimismada en su propio mundo. Sonreía tapándose la boca con sus manos que de vez en cuando dejaban escapar una risita frágil.
Al percibir mi presencia se refugió en la oscuridad de un parpadeo. Fue así como me perdí en tu mirada. Buscando tu alma. Desorientado, indagué en tus recuerdos con el anhelo de volver a encontrarla. Ella se escabullía temerosa, deambulando entre pensamientos.
La encontré buscando cobijo entre remembranzas de la infancia con la inocencia de un niño que se resguarda en una fortaleza de almohadas. Me senté a esperarla. Abrazaba mis piernas con fuerza, apretando mis rodillas contra el pecho, conteniendo con ansias mi anhelo de estar a su lado. Temía intimidarla.
Aguardando su llegada mis párpados sucumbieron, rindiéndose ante el cansancio. Tu alma se acercó, cautelosa. Caminaba deslizando sus pies para no hacer ruido alguno. Atemorizada pero intrigada por sentimientos que confabulaban contra su timidez, posó su mano sobre una de mis mejillas. Primero, apoyando la yema de sus dedos. Luego regalándome una caricia que me envolvió como una cálida manta de emociones.
Un suspiro se escapó de lo profundo de mi corazón asustando a tu alma que huyó deslizándose en el brillo de una lágrima que murió en tu boca. Decidido a no perderla, recorrí tus labios. La encontré escondida detrás de una sonrisa ahogada por su llanto.
Humedecí mis manos en forma de cuenca con una de sus lágrimas y absorbí su tristeza. Agradecida, me abrazó con su mirada. Una corriente recorrió mi cuerpo con un ímpetu que recobró mis esperanzas. Expectantes, mis labios se rindieron ante un beso cuyo destino no fue mi boca.
Un sudor frío se apoderó de mi frente al sentir la calidez de tu respiración que la recorría, descubriendo cada detalle. Intimando con la comisura de mis ojos que dejaron escapar una lágrima.
Y en ella se fugó. Continuando su camino, resplandeciendo en el brillo de tus ojos. Inspirando a nuevas almas a que recorran tu mirada en su búsqueda. Dejando en ellas el sabor de un llanto agridulce. Inspirando hermosos recuerdos aplacados por su ausencia.

Crítica a la literatura infantil: El Patito Feo

He escuchado muchos cuentos infantiles pero muchos de ellos aún no me cuajan. Pongamos como ejemplo a El Patito Feo de Hans Christian Andersen (si mi fuente de información no me falla).
Creo que todos estamos familiarizados con este cuento, pero para refrescar vuestras memorias decidí copiar unos extractos del mismo.

Todos acosaban al patito; incluso sus hermanos lo trataban brutalmente, y no cesaban de gritar: - ¡Así te pescara el gato, bicho asqueroso!; y hasta la madre deseaba perderlo de vista. Los patos lo picoteaban; las gallinas lo golpeaban, y la muchacha encargada de repartir el pienso lo apartaba a puntapiés.

Luego el pobre patito feo se enteró de su verdadera naturaleza, era el más bello de los cisnes, este hermoso cuento cierra con una frase de nuestro querido personaje.

- Jamás soñé que podría haber tanta felicidad, allá en los tiempos en que era sólo un patito feo.

Conclusión: nuestro pequeño amigo no aprendió nada. La moraleja del cuento es atroz. El pequeño animalito no se valora por lo que es. No encuentra la felicidad en su condición de "Patito Feo".
Si el cuento terminara en que se sentía por dentro "como un hermoso cisne", o que los demás lo valoraban "como si fuera un hermoso cisne" vaya y pase (que lo del cisne sea una metáfora del cómo se sentía el por dentro). Pero termina siendo aceptado por ser, literalmente, un hermoso cisne en vez de un pato "feo". Perdónenme por tomarme el cuento tan al pie de la letra pero yo sólo me pregunto:

¿Qué hubiese ocurrido de haber resultado ser finalmente un simple Patito Feo de buen corazón?

Familia de palabras

En el siguiente ejercicio tenía que redactar algo con las familias de las siguientes palabras: Caperucita Roja, Blancanieves, Barba Azul, La Bella Durmiente, Sherezade, y Hansel y Gretel.
Gracias Imelda por ayudarme a sacar el redactor que llevo adentro.

Sherezado caperucitaba rojeando hanselitos. Labellozo azulé. "¡Hánseles y hanselitos!, ¡¿Sherezé blancas nieves?!" Arrojado, incaperucitado, durmité bellitos y a zu lado barbitas rojizas. Desinsherezadamente gretelaba bellozo "La la la... la la". Adormilado barbité. ¿Durmitaba o caperucitaba? Sherezado azulado gretél "¡barbaridá! Sherezoi un belloso hanselito."

Moraleja
"Sherezando blancas nieves, shezerás un bellozo hanselito"

Ahogado

¿Por qué me ahogo en un vaso de agua de incertidumbres?
¿Por qué me ahogo en un vaso de agua?
¿Por qué me ahogo en un vaso?
¿Por qué me ahogo?
¿Por qué?
¿Por?
¿?